Es problemático hablar de las complejas relaciones entre pueblos en el mundo con una lectura de ‘malos’ y ‘buenos’, separando como ocurre en la trilla, el trigo de la paja. Nunca hay razones para la guerra y el hambre. Eso son cosechas de los humanos, avivadas por la naturaleza, los estómagos vacíos y las ambiciones de unos pocos que generan confusión y miseria humana.

Estas líneas quieren analizar lo que ocurre en Barlovento, unos de los pueblos más ‘ricos y pobres’ de Canarias, ya que es el que dispone de más agua por habitante. Las galerías se construyeron en las décadas de los años 1940-1960, cuando éramos más pobres y de ahí emanan unas 1.000 pipas por hora. Tenemos unos suelos en las medianías regadas por los alisios con posibilidades de cultivo, con apenas demanda de riego y una superficie forestal que puede ser un complemento de materias orgánica para la agricultura y que también puede aportar forraje a la ganadería.

En una palabra, podemos aportar alimentos locales e insulares. Tenemos  granjas de cabras y gallinas a las que podemos alimentarlas con productos de la tierra. Si la cultivamos, se generarán puesto de trabajo y corregiremos el déficit demográfico de población joven que sufrimos en la actualidad. Barlovento forma ahora parte de la ‘Canarias vaciada’, ya que en las últimas décadas hemos perdido más del 50% de  población. De hecho, ahora mismo las defunciones doblan al número de nacimientos.  Eso es algo no entendible y que debe llevarnos a una reflexión: cuando más recursos tenemos, más estamos perdiendo población. ¿Por qué?

Estos días he leído un trabajo sobre Barlovento de Adrián Pérez que ha sido dirigido por el profesor de Geografía de la Universidad de La Laguna, Víctor Martín, un exalumno de mi época de profesor de la ULL. El documento aporta una lectura que nos debe hacer reflexionar sobre el territorio y la cultura  de los gestores, así como el resultado de las decisiones de los responsables políticos, empresariales  y sus  prioridades.

Hay que conocer los valores culturales imperantes en los que la economía y la naturaleza se gestionan bien de una manera armónica en una sociedad en equilibrio con la naturaleza. Tiene que haber una armonía entre la población y los recursos y saber lo que ocurre cuando el aparato productivo está vinculado a la familia, al sistema educativo y al entorno. Esto ha ocurrido en la historia del medio rural, ya que hasta hace unos años se transmitía de familia en familia la cultura del trabajo y del esfuerzo. Eso nos marcó a muchos, que aprendimos a saber lo que cuesta ganarse las cosas. Y también nos ha permitido leer en los senderos de la vida y ver que la actividad agraria es natural y que un campo estaba cultivado es lo más normal del mundo y no algo excepcional, como ocurre en la actualidad.

El trabajo de Adrián Pérez hace una lectura de cómo un joven geógrafo ve el territorio. Es también una lectura de un profesor comprometido con los temas rurales como son los trabajos de Víctor Martín. Es leer el uso del suelo de Barlovento, en el que destacan algo más de 400 fanegas de plátanos con 200 ha de aguacates, proteas, ñame, papas, vid y tagasaste y el grave problema que tienen con el relevo generacional. Habla de un territorio que solo cuenta con un centenar de agricultores dados de alta como tales –autónomos-, sin apenas jóvenes en el agro. Esa desgracia no solo la sufrimos en Barlovento, sino en todo el campo canario, en general.

Adrián también trata con detalle aspectos como los cultivos ecológicos –que podrían ser parte del futuro- y dedica tiempo y esfuerzo a las causas del abandono del campo, destacando una zona de gran capacidad productiva, como es el  caso de la Llanada de Bona. Para los que no la conozcan, se trata de un territorio de uso comunal que “gestiona” el Ayuntamiento de Barlovento y que hoy está en casi total abandono. En otra época era cultivado con cereales, papas, leguminosas y tagasastes, pero hoy en día no se labra ni el 5% del suelo y en su mayoría se encuentra cubierto de monte y zarzales.

El estudio de Adrián Pérez describe gran parte de los terrenos, fuentes de agua, y el  poblamiento. Hace hincapié en la separación de los jóvenes con el entorno y realiza una lectura de su generación sobre el futuro y el campo. Esto tiene que ver con Ucrania, el mayor granero del mundo, que nos está afectando a todos. La actual cultura nos aleja del agro como cosa del pasado ¿Es un campesino un hijo del atraso? No, ni mucho menos. Al contrario, nosotros no solo tenemos tierras fértiles sino también  valores sociales y ambientales, algo que hoy está en crisis.

Ahora la gente quiere una ‘paguita´, que les regalen el dinero sin trabajar, olvidando lo que dijo en su día Confucio -hace más de 2.000 años “no regale el pescado, enséñale a pescar”. Aquí la gente quiere el pescado y que la caña la lance otro.

Aquí traemos cebollas de Nueva Zelanda y manzanas de Chile, pero resulta que en La Llanada de Bona se dan las manzanas reinetas. En Barlovento se puede producir papas para abastecer toda la isla y Adrián nos dice que apenas tenemos unos surcos de papas, granos y forrajes. En 1984,  Lanzarote producía más de 24 millones de kilos de cebolla, y desde el Valle de Güímar se exportaron semillas de cebollinos a Estados Unidos y Brasil. ¿Es posible vivir del campo? Sí, pero hay que trabajarlo, mimarlo y pagarlo.

No es entendible que nuestras cabras y nuestras gallinas estén mirando para Ucrania o para la Bolsa de Chicago mientras las zarzas y otros matorrales están a 200 metros del Ayuntamiento de Barlovento esperando a que las quiten y las siembren. A eso  hay que añadir otros problemas como el agotamiento de cultivos de cereales en el norte de Argentina, en el Sur del Brasil y Paraguay o el problema de los herbicidas y la salud en California y Argentina entre otros.

Debemos de hacer una reflexión sobre la alimentación y la sostenibilidad en una sociedad más solidaria social y ambiental. Lamentamos que sea la guerra de Rusia y Ucrania la que nos haga mirar hacia dentro de nuestra tierra, pero tenemos que darnos cuenta que el mundo rural y nuestros campesinos no pueden seguir siendo maltratados. Aprovechemos nuestras fortalezas y recuperemos la actividad agraria porque eso nos permitirá ser más autosuficientes y tener un Barlovento mejor.

¡Gracias Adrián y gracias Víctor

Wladimiro Rodríguez Brito

Profesor de Geografía de la ULL