El gobierno canario y su vocero Torres, en aras de mantener los intereses económicos de las empresas multinacionales (grandes cadenas hoteleras, grandes superficies…), convierte a Canarias en este macabro “Ciclo de puertas abiertas” para que la covid-19 pueda campar a sus anchas en nuestros territorios, merced a la falta de aplicación de las medidas concretas y contundentes que todos conocemos, imprescindibles para doblegar la curva del número de casos y con ello, reducir las muertes, la saturación de los servicios sanitarios y evitar la otra curva: la de las complicaciones en las patologías no covid que se están dejando de atender en este momento por falta de medios.

Y es que todavía no han entendido el precario estado de nuestros servicios sanitarios bajo el yugo de los sucesivos recortes, o que la situación de salud y socioeconómica pre pandemia, fue con diferencia, la peor del estado español. Tampoco se creen aún que estamos siendo azotados por una PANDEMIA: las ratios de personal, siguen sin ser suficientes para atender las necesidades asistenciales globales, no se hacen suficientes test PCR, no se rastrea ni se hace un seguimiento de la totalidad de los contactos. El tan cacareado sistema informático diseñado para ello, es un sucedáneo de aplicación que rara vez funciona. No se controla, pero tampoco se da apoyo a los usuarios en cuarentena en sus domicilios a la espera de una llamada con la cita para un test que nunca llega. No hay soluciones alojativas (Santuarios) para quienes no pueden hacer la cuarentena en el domicilio.

Bajo el conocimiento de las medidas generales a adoptar para contener la transmisión de la enfermedad, nos preguntamos en qué grado se están aplicando estas, por ejemplo, en los lugares donde tienen alojadas y retenidas a las personas migrantes.

En fin, en líneas generales, solo un 48% de los casos de covid-19 son detectados si lo comparamos con los estudios de seroprevalencia. El resto, seguramente asintomáticos, campan a sus anchas multiplicando la transmisión. Luego se extrañarán de las cifras y las muertes. Por lo demás, este ejecutivo mantiene a la población canaria arrestada y la economía bien activa, bien abierta, en una “nueva normalidad casi normal”. Y para justificar lo buenos que es, mientras responsabiliza en exclusiva a los ciudadanos, falsea y oculta, maquillando los datos diarios, que nunca cuadran. Además, no incluye a los casos de los inmigrantes ni de los turistas, tal vez, para no evidenciar que hay que “cerrar” y no se hace.

Pero el mayor gesto de irresponsabilidad de este gobierno es el ritmo de administración de la vacuna. Cuando por fin se dispone de una herramienta preventiva que, previsiblemente, a vista de un año arrojará algo de luz sobre el tremendo drama de la pandemia en Canarias, el retraso en la inoculación, perpetuará durante una década el drama sanitario y humano. Directamente: nos están inmolando.

Cati Darias Delgado.

Coordinadora de Salud Intersindical Canaria