Los hay que quieren condicionar la libertad de los demás, alegando para ello principios religiosos o presuntamente éticos pero que, en la realidad son expresiones de fanatismo, de escasa capacidad intelectual, o si se prefiere, de prácticas vinculadas con la derecha extrema. Dicen ser defensores del credo católico, pero, contradictoriamente, nunca se les han visto manifestación de repulsa alguna por los múltiples casos de pedofilia practicado por una buena parte de sus jerarcas, uno de los más graves delitos tipificados en sus “sagradas escrituras”.

Un grupo de individuos e individuas pro-vida insisten en permanecer frente a las instalaciones del centro concertado, Clínica grancanaria Gara, realizando rezos y cantos religiosos para ejercer presión sobre las usuarias y trabajadores del centro que acuden a interrumpir voluntariamente su embarazo. Mientras portan carteles de “Si a la vida, no al aborto”, realizan fotografías y vídeos a las usuarias del centro sanitario. El grupo de personas es dirigido por un sacerdote.

A pesar de considerarse un delito este tipo de acciones con el objetivo, precisamente, de proteger la libertad reproductiva de las mujeres y tras la modificación del código penal para protegerlas de quienes tratan de obstaculizar estos derechos, el grupo de Pro vida, hasta la fecha, ha realizado sus actividades coercitivas  con total libertad de movimiento contra las mujeres que asisten a la Clínica para suspender su embarazo, sin que agente de autoridad alguno haya hecho acto de presencia, lamentable e injustificable circunstancia esta que debería explicar el delegado del gobierno, Anselmo Pestana.