La denominada nueva Estrategia de Vigilancia y Control frente a COVID 19 tras la fase aguda de la pandemia aprobada recientemente por la Comisión de Salud Pública del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, en línea con otras anteriores, constituye en sí misma una parodia que burla los fundamentos de la epidemiología, enmascarando o silenciando, además, gran parte de la incidencia y efectos de la pandemia.

En estos momentos, en Canarias se traslada una idea a la población: la situación ha mejorado y es una gripe más. Esto, en un territorio densamente poblado y con una altísima circulación de personas procedentes de diferentes latitudes, merced a una intensa actividad turística. De hecho, actualmente, el archipiélago concentra el índice más alto de contagios del estado español, sin olvidar que, al menos 1780 personas, reconocidas por el gobierno, han fallecido por COVID en las islas, cifra que se podría hasta duplicar por el solapamiento del virus con otras enfermedades, principalmente en personas de la tercera edad.

En realidad, lo que ocurre es que se han dejado de realizar pruebas y de contabilizar los casos, excepto los mayores de 60 años, los considerados vulnerables y embarazadas. Se han retirado un conjunto de medidas, como el uso de mascarillas en interiores o el aislamiento de los contactos estrechos, o el análisis y control de las aguas residuales. Además, plantean que ya no es motivo de incapacidad transitoria, y mucho menos de enfermedad profesional, aunque sea en los ámbitos sanitario o socio sanitarios, hasta tal punto que estudian la posibilidad de reubicar a los numerosos sanitarios contagiados en zonas donde no haya pacientes vulnerables. El resultado de esta “gripalización” ya está siendo un incremento de la circulación del virus causante de la Covid 19 y la aparición de nuevas variantes, y por ende, una mayor exposición al riesgo de las personas consideradas vulnerables.  Más allá de los datos que no publican y de los casos que no son o los brotes que no existen, la realidad persevera: las camas de hospitalización ocupadas en Canarias por pacientes Covid-19 graves, superan las 250 y se mantienen en esa cifra, porque el número de casos es tal que a cada alta sucede un nuevo ingreso en esa especie de meseta pandémica con tendencia al alza en la que nos encontramos. Esto es, el impacto de la patología sobre la sanidad pública es muy importante y no puede haber normalización de un sistema de salud  ya previamente desmantelado, mientras esos recursos no se puedan destinar a la atención de la patología ordinaria, que cada día se ve demorada a través de la suspensión de intervenciones quirúrgicas, incremento en las listas de espera, colapso de los Servicios de Urgencias…Por otro lado, el volumen de casos calificados como leves, que también desconocemos, mantiene colapsada la Atención Primaria.

Y es que, todavía perdiéndose vidas, con situaciones de incapacidad permanente derivadas de la patología, casos de enfermedad persistente, sin conocer bien el alcance de las secuelas, la gran preocupación de los dirigentes es la vuelta cuanto antes a la celebración de eventos multitudinarios y la promoción del turismo del que se vanagloria el propio gobierno canario.