Cuando el pasado 21 de julio la Consejería de Educación y la de Transición Ecológica y Lucha contra el Cambio Climático firmaron un acuerdo para que los centros educativos jueguen un papel destacado y se conviertan en referencia de esa transición energética con el objetivo de reducir, reciclar y reutilizar.

El STEC-Intersindical Canaria se ha significado siempre por poner de relieve el papel de la educación en la transición hacia energías limpias y no contaminantes. En nuestras aportaciones a la Ley Contra el Cambio Climático (aprobada el 22 de octubre de 2020 por el Consejo de Gobierno), cuando estaba abierta a la participación ciudadana, ya remitimos las medidas a tomar y este acuerdo las recoge en líneas generales. Dichas medidas eran las siguientes:

-Dotar a los centros de placas fotovoltaicas que permitan el autoabastecimiento y la soberanía energética, así como la venta del excedente.

-Aislamientos térmicos de los centros educativos a fin de mantener las temperaturas en entornos climáticos cada vez más hostiles.

-Contenedores de reciclaje diferenciados en origen, es decir, en los propios centros para papel, plástico, vidrio, materia orgánica, etc.

-Priorizar el cuidado y el cultivo de huertos ecológicos y jardines.

-Educar en valores medioambientales a través de materias adecuadas para ello en el currículum escolar.

-Crear la figura del coordinador-coordinadora de asuntos relacionados con la sostenibilidad en los centros educativos.

-Evitar escapes de aguas debido a las deficiencias en las infraestructuras, sobre todo en baños.

-Desarrollo de los ecocomedores puesto que posibilitan productos de proximidad y kilómetro cero.

Esas y otras medidas le solicitamos también al Consejero José Antonio Valbuena en la reunión mantenida con él hace tres años. Esa reunión ha fructificado, puesto que las consecuencias del cambio climático ya las estamos sufriendo ahora, y se verán con mayor nitidez en el futuro a menos que adoptemos estas medidas con premura. Por ello el STEC-Intersindical Canaria también propone un protocolo bien definido para el trabajo al sol de docentes, alumnado y personal laboral cuando haya temperaturas extremas en los meses lectivos de junio y septiembre, por las olas de calor cada vez más extensas e intensas y el techado de las canchas deportivas de los centros donde aún no se haya llevado a cabo