Los próximos 29 y 30 de junio, está previsto que Madrid acoja la cumbre de la OTAN. El Presidente del Gobierno afirmó que “Para España es fundamental fortalecer las relaciones entre la OTAN y la Unión Europea para reforzar la responsabilidad de la Alianza en el ámbito de la seguridad humana, abarcando aspectos como la lucha contra el cambio climático y asuntos relacionados con mujer, paz y agenda de seguridad, que serán cruciales para la seguridad y la estabilidad en las próximas décadas”. 

 

Por mucho esfuerzo que se haga para maquillarla, nada de lo que afirma es cierto. La OTAN no es una organización de paz, sino una de las alianzas militares surgidas bajo el auspicio de los EE.UU. durante la Guerra Fría. Su último propósito, como muy bien afirmaba el profesor Josep Fontana, es asegurar el triunfo mundial del sistema capitalista bajo una hegemonía política y económica norteamericana.

En los tiempos de Guerra Fría, la OTAN  mantuvo en pie el dominio norteamericano sobre buena parte del planeta a costa de someternos a una angustiosa disuasión nuclear, fomentar intervenciones y golpes de estado reaccionarios en multitud de países e, incluso, a través de la red ilegal Gladio, practicar el terrorismo más indiscriminado contra la población de distintos países europeos. Esta implicación ha sido investigada por la justicia italiana y reconocida formalmente por el Parlamento Europeo, atribuyéndose a esta red la responsabilidad de las masacres de Piazza Fontana, Peteano o el atentado de la Estación de Bolonia en Italia; el golpe fallido del príncipe Boghese (1970) y el golpe triunfante de los Coroneles en Grecia (1967); la Masacre de la Plaza Taksim en Estambul y el golpe de los militares turcos en 1980. Asimismo, agentes de Gladio participaron en atentados terroristas de la ultraderecha española, belga, francesa o alemana.

Tras la disolución del Pacto de Varsovia, la OTAN ha atacado la antigua Yugoslavia o Libia, siempre bajo el argumento de la defensa de los derechos humanos. El resultado ha sido la creación de protectorados de la Alianza, donde se llevan a cabo actividades que no parecen encajar demasiado con el perfil filantrópico y humanista del que hablaba el presidente del gobierno. En Kosovo, surgieron las granjas humanas, donde presos serbios eran engordados para traficar con sus órganos. En Libia, antes el país más próspero de África, ahora florecen los mercados de esclavos bajo el poder de señores de la guerra.

En la actualidad, la OTAN está tensando la situación en las fronteras con la Federación Rusa e, incluso, impulsando una nueva Guerra Fría frente a China, cuyas primeras escaramuzas se están dando ya en el ciberespacio.

En el último informe anual de la Organización, presentado en marzo de este año, se jactaban de que el gasto militar viene incrementándose durante los últimos 6 años, a despecho de la recesión económica, la caída del PIB, la pandemia y las distintas demandas de gasto social. Los países integrantes de la alianza se han comprometido a destinar, al menos, un 2 % de su PIB para gasto armamentístico en 2024. Como botón de muestra, el Reino de España ha apalabrado el desembolso de casi 4.000 millones de Euros para adquirir 50 cazas F-35A, gasto que se prioriza sobre reanimar la hucha de las pensiones o la financiación del sistema sanitario o educativo.

Consideramos que la bandera de un gobierno que se proclama progresista debería ser la de el no alineamiento, el desarme, la solidaridad con los pueblos contra el imperialismo y la resolución de conflictos como el del Sahara Occidental o Palestina, que siguen abiertos, en gran medida, por la posición de los EE.UU.